lunes, 2 de abril de 2012

Relato indignado


Manifiesto fou (estoy lírica)
Tengo razones para indignarme. Me explico: no creo en los dirigentes actuales, sean políticos o medios de comunicación. Me solivianta su desprecio por la cultura y por las personas, su apuesta infame por la amnesia general y la competitividad de todos contra todos. Vivimos bajo unas condiciones de intercomunicación como nunca antes se habían producido y, sin embargo, en este mundo hay cosas insoportables. La peor de todas, la indiferencia. Ante el abuso, ante la violencia, ante la tragedia humana. He llegado a un punto en el que no me resulta extraño que una persona muera de hambre, de sed, de enfermedades curables, de frío o de calor, de soledad, privada de libertad o masacrada como una plaga, a discreción, sin nombre propio. Como ser humano, como individuo, soy responsable. Es el momento de ocuparme de la ética, del amor, la justicia, la libertad y la paz. De ese modo, lejos de exasperarme, me cultivaré en la esperanza. Aunque comprendo la violencia, no la excuso, porque considero que es un fracaso. De violencia supe mucho, todavía subsiste en mí, a pesar de que vivo un proceso de descontaminación, procurando desmontar los mecanismos automáticos del miedo y la furia. Como Marco Aurelio, busco evitar mi propia maldad, algo posible, y me despreocupo de la maldad ajena, algo del todo imposible de controlar. Mi futuro, por tanto, pasa por la paz. Por eso lanzo un mensaje de libertad y compromiso para que todo lo deseable sea posible.
Para llevar a término mi cometido tengo muchas opciones. Podría, por ejemplo, actuar al estilo nipón. En cierto modo soy un poco japonesa, no sólo por la estatura y el color de mi cabello, sino porque desde menuda practico la máxima del ánimo y el esfuerzo, sin rendirme ante la adversidad, ya que el fracaso me resulta más costoso. Tal vez podría no airear las penas en público y ponerme una máscara social, mientras vivo internamente la sinceridad de mis sentimientos. Como buena japo, podría pertenecer a un círculo social cerrado, bien como una vulgar yakuza o por el simple hecho de pertenecer a una familia común, ese monstruo cuya función más inocua en esta cultura consistiría en arreglarme un matrimonio de conveniencia. Y sería capaz, supongo, de sujetarme a una férrea educación rayana en el modelo carcelario, que sin duda impediría que me saltase una cola así se cayera el cielo o que practicase el pillaje en un súper aunque me crujieran las tripas de gusa. Podría inocularme el código de los antiguos samuráis y no querer ser dios, sino sólo que se me respetase en mi barrio y en mi empresa, aunque me expusiera a reventar por exceso de trabajo. Y si sobreviviera a la extenuación laboral diaria, siempre podría disfrutar del karaoke, las tragaperras y los videojuegos el resto de mi tiempo.
Podría ser fiel a la urbanidad y a la cortesía, conviviendo hacinada en urnas diminutas; nada muy lejano, por otro lado, a mi infancia madrileña en la que o nos organizábamos a la mode de chez nous o era imposible no estrangular a un hermano. Podría tragar mis opiniones hasta intentar resolver la situación o sopesar el contexto y su impacto en los sentimientos del prójimo. Y, por supuesto, sería capaz de adoctrinarme en perfeccionar los gestos y la entonación para no ofrecer nunca una afirmación o una negación rotunda, evitando así las fricciones de la vida cotidiana.
Igualmente y sin que supusiera esfuerzo, podría calzarme un quimono, momificarme como una gueisa, practicar taichí y refugiarme en el arreglo floral que postula el ikebana. Y quién sabe si armarme de pincel y tinta para escribir en kanji con cuidada caligrafía, componer haikus o bien a iniciarme en los misterios del teatro kabuki. Sería receptiva a volar cometas, plegar papel según las enseñanzas del origami y obsequiar a mis invitados con la ceremonia del té. En fin, sería capaz de ejercer todos los preceptos zen: el respeto a la intimidad, el orden y la disciplina, hablar sin alzar la voz, practicar el civismo y el culto supremo al bien común, sonreír y ser amable con los demás. Y de nuevo en un bucle continuo, tornar y ajustarme a los férreos postulados giri: el honor, la obligación y el deber; tal vez adorar el manga y entregarme a profusas aberraciones sexuales con igual pasión que cultivar durante treinta años un bonsái para luego regalárselo a un completo extraño o contemplar sin pestañear un riachuelo bajo la indescriptible floración de los cerezos.
Podría, pero no voy a hacerlo. En su lugar, voy a optar por declararme a la vez insumisa, insurrecta y resistente, y ponerme en marcha a toda vela creando, no destruyendo. Para completar mi periplo descontaminante y, a pesar de las tres plagas (terremoto, tsunami y amenaza nuclear), me voy a recorrer las antípodas en autocaravana. Las cargue o no el diablo. Igual me da estar a merced de tornados, la lluvia y el fango, las fastidiosas duchas, el acecho de los mosquitos y la incomodidad de tener que poner la casa rodante patas arriba cada vez que quiera hacer algo diferente a conducirla.
Este será el primer paso; el segundo, encontrar el equilibrio. Para actuar, buscaré la lucidez. Para conseguirla, precisaré serenidad. Para llegar a serenarme, me cobijaré en el silencio y la contemplación. Me abandonaré a la Naturaleza con la esperanza de que el planeta detenga su vorágine, su incesante curso para aprehender la quietud del eje. Adoptaré el éxtasis de la observación cotidiana de un niño, absorberé su fascinante y contagiosa sonrisa que me devolverá de la escuela al hogar. Escucharé la música esencial, el preludio intuitivo, la sinfonía plena y desapegada, la sintonía inaudita entre el abandono y el encuentro. Bailaré la danza primitiva del abandono etéreo para obtener la dulce fusión atmosférica. Rescatada del olvido,  mis labios sólo exhalarán la poesía de la aldea, desnuda de presencias, ahíta de conciencias. Sentiré la conexión profunda con la templanza de los humildes, la plenitud de la mirada impregnada de belleza del salvaje en su recreación del mundo.
En el sosiego, no habrá intermediarios, porque dios murió en los corazones y en los libros, al mesías ni está ni se le espera, no existirá iglesia, templo, sacerdotes, ni oraciones que valgan. Sólo yo, indignada, reclamando, no pidiendo, mis derechos; apropiándome de una nueva libertad, largamente evocada y, por fin, reconciliada que reflejaré feliz como un espejo límpido. Sin retorno al recuerdo, sólo memoria comprendida.
En la soledad, la confianza. Con un resorte de agudeza, con una percepción atenta y una inspiración infinita, perduraré con lo que traigo puesto en el paisaje de la emoción, sin gota de tristeza; desembocaré en un acuerdo, en un acercamiento a la piel del otro. Y, por fin, trasplantada fuera del tiempo y el espacio, sucederá la paz eterna, el desprendimiento.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Aquí está "Libro de oraciones"


Siendo niña, leí un libro. Luego otro y otro y muchos más. Hoy espero que, al menos para ti, este libro sea ese que lees siendo niño o el último de los muchos que se agolpan en tu retina.

Yo estoy detrás de este complot, detrás de cada letra y cada espacio. Estoy y no. Dejo libre esa parte de mí misma que ofrezco al azar. Sacarlo ha sido un placer, costoso como es el placer que se precia.

Sueño contigo, incluso si me abandonas a medias o si me usas para calzar un mueble, adornar un salón o alimentar un fuego. Cualquiera que pueda ser la utilidad o el disfrute que le encomiendes será un segundo más de vida para mí, de vida más allá de la propia, de la vida de verdad. Sueño con que existe una remota posibilidad de que lo recomiendes a alguien de tu confianza, de que lo recuerdes cuando te haga falta o te inspire, incluso de que lo rescribas o traduzcas a otros lenguajes.

No sabría explicarte de qué va. Con suerte eso ya lo descubrirás tú. Escenarios, personajes y situaciones poblarán tu imaginación como más te plazca. Yo te doy los ingrediente y tú cocinas. Nos vinculamos con un contrato infinito e ilimitado, tan libre que sólo tú tienes potestad de romper. Y, aún en ese caso, yo seguiré dándote las gracias.

           Si quieres una muestra del libro, pulsa aquí


Si te atreves a adquirirlo, silba o mejor pulsa aquí

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Finalista del V Concurso de Relato Ars Creatio, "Una imagen en mil palabras"

Fotografía: Eliseo Montesinos
Hace unos días he recogido la primera cosecha. Finalista en un concurso literario. Me ha despertado la ilusión, así, sin asomo de modestia. Es lo que tienen las primeras veces. Me gustó escribir el relato y le tomé especial cariño. Procuré ser sensitiva, la fotografía lo pedía a voces, mientras me ceñía a las normas del concurso. Aunque lo presenté sin título, lo tiene: "Ojiplática".
El Periòdic
Torrevieja TV
Ars Creatio

martes, 16 de noviembre de 2010

Taller de Microguión de Cine Fantástico

Este parece ser un año de estrenos. He impartido mi primer taller de guión. Ha formado parte de la extensa programación de las Jornadas FANTÀSTI'CS 10 en Castellón durante el mes de noviembre.
Si todo va bien, cuatro nuevos micrometrajes verán la luz el próximo año, como consecuencia del trabajo que han desarrollado dieciséis valientes inscritos en el curso. Espero haber contribuido a su gestación. Ha sido un placer trabajar con todos ellos. Sus caras lo dicen todo.




jueves, 7 de octubre de 2010

Trailer

¿Te apetece saber de qué va Apples?

Tal vez el trailer despierte tu interés.

video


Para los que prefieren YouTube

sábado, 2 de octubre de 2010

Corto del Taller de Escritura de la UJI 2009


sábado, 4 de septiembre de 2010

Taller de escritura

Los frutos de taller se materializaron en mi primera publicación "Libro de oraciones". Autofinanciado, autopublicado, vaya un trabajo muy personal.
¿Qué es el taller? Un lugar de confianza, de encuentro, de aprendizaje, de osadía, de creación literaria y, ante todo, de calidad humana. Amigos y escritores en ciernes mimados e intruidos por la magia terapéutica de Rosario Raro.
Acércate a vernos en la Universitat Jaume I de Castellón, donde cada octubre incrementamos nuestras filas.
Si no puedes asistir físicamente, nos encontrarás en Pliegos volantes.
Este año, por obra y gracia de Marta Aparicio, decidimos mostraros qué es para nosotros la lectura y la escritura.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Mis criaturas

Acaban de ver la luz mis primeras criaturas. Era el momento y han llegado todas a la vez. Un cuento en la Revista Digital MiNatura. Otro en el volúmen Cuentos alígeros. Varios más en el libro de relatos Los Excelentes. Y por último Libro de oraciones, un manojo de relatos fruto de mi trabajo en el Taller de Escritura de la Universidad Jaume I durante 2009 y 2010. No puedo ocultar que es mi favorito. Supongo que porque se corresponde con una primera subida de ego. Quizá porque es autoeditado. O tal vez sea porque es azul. Puede que porque estoy agazapada en cada blanco y en cada negro de sus páginas. Es un deseo cumplido y también un compromiso de continuidad.
Bienvenidos a mis palabras.

lunes, 21 de junio de 2010

Incubadora

Recién nacidas, las oraciones descansan en la incubadora. Pasarán allí el verano reponiendo fuerzas. No obstante están disponibles en librodeoraciones@gmail.com
Hazte con ellas.

martes, 6 de abril de 2010

En proceso

Este año la floración será un poco tardía.
Un día recibiréis una flor. Hasta ese día, gracias por vuestra paciencia.